sábado, 25 de agosto de 2012

LA VIDA ES COMO ES… NO COMO QUEREMOS QUE SEA


Por Bertha García Vasconcelos


La vida es como es… no como queremos que sea. Muchas veces hemos leído y escuchado esta frase, pero, ¿realmente comprendemos su profundo significado? Últimamente he escuchado a mi madre decir con frecuencia: “Nosotros nos adaptamos a la vida, no la vida a nosotros.” Cuánta razón tiene, los años nos dan sabiduría si aprendemos de nuestras experiencias.

En mi trabajo personal y profesional, cuando se trata de mejorar la economía, las relaciones interpersonales o el bienestar emocional, indudablemente surgen a la superficie las creencias erróneas que hacen que interpretemos el mundo desde nuestra muy particular individualidad. Estas son fácilmente reconocibles por el despliegue elocuente de nuestras distorsiones del pensamiento preferidas:

1.      Adivinar el futuro más obscuro que podamos imaginar.
2.      Leer la mente perversa de las personas.
3.      Creer que los demás nos deben un trato especial que fomenta la actitud de sentirse víctima.
4.      El perfeccionismo tirano que alimenta nuestras compulsiones y obsesividad.
5.      El todo o nada que danza con la evitación en una parodia que enfatiza el decirse “si no puedo tenerlo todo mejor no tengo nada.”
                  
De solo pensar en la lucha incansable contra la vida que los seres humanos mantenemos todos los días, ya me siento exhausta. Esa lucha inútil que equivale al querer “controlar” todo. “Controladora” es la palabra que describe esa manera que ahora detestamos de querer que las personas, cosas y sucesos sean como nosotros queremos. Codependencia y controlar son casi sinónimos en una sociedad absurda, nacida de un patriarcado delirante a punto de extinguirse aunque aun se niega a admitir su fatal destino: su temido deceso.

Dentro de la cultura del narcisismo, brilla una chispa de esperanza y crece como una pequeña planta en un terreno desértico, una nueva cultura que persigue nuevos valores de equidad, de ser más humanos, de proteger el ambiente, de erradicar lo que ya vimos que no funcionó, como la corrupción, la violencia o las adicciones que asesinan lentamente a nuestros jóvenes y ahora a los niños también. Se acaba la individualidad narcisista, donde Yo se convierte en Nosotros. Pensar en los demás y sentir emociones son ya una necesidad en el comportamiento humano. Por muchos años, no sentimos, por muchos años poco importaron los demás. Si el 75% de la población mundial tiene hambre no importaba. Fuimos indiferentes ante el genocidio, la violencia de género y la trata de personas cobran vidas diariamente que vemos reflejado en cifras alarmantes en incremento, pero ahora si nos conmueven.

Y aun así, en este mundo que parece inhumano, la mejor actitud es aceptar que la vida es como es, que las personas que amamos son como son, que somos como somos, porque el aceptarlo la sombra propia y de los demás pierden la fuerza que nos impiden ser felices al dejar de luchar contra nosotros  mismos. Entonces elijo mirar hacia lo que puedo controlar: Yo mismo.

Cuando renuncio y permito ser a la vida y a los demás, y me permito ser yo misma, disfruto lo que es, sin pensar en lo que podría ser o debiera ser.